Venom

Edición #78

Venom –cuya traducción al español es veneno– es una mortífera arma puesta a disposición del Esmad para sus arremetidas contra las protestas. Colombia es el único país de América Latina que la exhibe y dispara. La violencia, a través de armas como esta, es la única respuesta del gobierno de Duque a las protestas.

Por Alberto Herrera

Director de La Bagatela

Esta palabreja hace parte de las innovaciones del régimen para “proteger” las movilizaciones de protesta. El esmero por resguardar la vida de los colombianos llevó al mandato Duque-Uribe a adquirir este lanzador múltiple con capacidad de 30 cartuchos que pueden ser de gas o de aturdimiento, arma con efectos indiscriminados, hecho que la hace inapropiada para usarla contra manifestaciones, como manifiesta el director de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, quien añade: “no se conocían antecedentes de uso de este dispositivo en América Latina”.

Aunque el uso de VENOM está reglamentado bajo un marco internacional y se señaló públicamente por la Policía que su letalidad se reduce debido a la altura a que se dispara, se tienen pruebas documentadas que ha sido activado desde el suelo, directo contra los manifestantes aumentando el riesgo y violando protocolos de funcionamiento. Según investigación de Indepaz se registran denuncias de disparos con VENOM en zonas residenciales, generalmente en horas de la noche, realizadas contra ventanas y techos de viviendas, generando terror y pánico, exponiendo a las familias a ser víctimas de violencia física y psicológica por la cercanía a las estruendosas explosiones. El caso de Popayán muestra el uso repetido de esta arma desde el suelo contra los manifestantes en el centro de la ciudad. Los barrios vecinos al Portal de Las Américas fueron víctimas de innumerables disparos con VENOM en ataques violentos del Esmad. Un cartucho cuesta $270 mil, lo que significa que en cada activación del arma se gastan la no despreciable suma de $8 millones para reprimir la protesta; es además un “juguete” costoso.

Esta letal arma hace honor a su nombre, que traducido al español es veneno. Los  compradores, conocen el significado del producto y lo administran en dosis letales en campaña de exterminio a sus opositores.

Como el mundo conoce, el gobierno colombiano se negó a negociar las demandas del paro queriendo soslayar un dramático cuadro de pobreza, consecuencia de una economía arrasada, y optó desde el principio por la represión franca y sin reserva para enfrentar la protesta. Pretender acallar justas exigencias con la intimidación, el terror y la muerte, es una práctica que  viene de atrás y se acentúa, que se origina en una concepción que niega los derechos y las libertades ciudadanas, que persigue a la oposición política y que acude a los métodos más sanguinarios. Su evolución pasa de la creación de fuerzas paramilitares a los falsos positivos, de los asesinatos de líderes populares a masacres colectivas y en este período a la cacería humana de la protesta en las calles de las ciudades colombianas. Es la secuencia promovida por una corriente política que mostró sus dientes hace de veinte años, que sistematizó su respuesta represiva contra la protesta durante el paro, y que goza de un manto de impunidad. Es la expresión del fascismo criollo que encontró una resistencia inimaginable en el paro nacional y que se gana un acelerado rechazo.

Esto no implica que la batalla esté decidida a favor de las fuerzas democráticas. Los enemigos de la democracia a través de distintas opciones, muestran una disposición a llegar hasta las últimas consecuencias. Dentro de las recientes medidas encontramos:        

  • Por vía decreto, el Gobierno de Iván Duque modificó el 18 de junio (en medio del paro) una anterior disposición presidencial que limita la definición de protesta pacífica y especifica que los bloqueos de vías -ya sean temporales o permanentes- no constituyen una forma de manifestación y por ello permite el "uso legítimo de la fuerza".
  • Igualmente el Congreso acaba de aprobar la ley que otorga a la Procuraduría facultades de jueces de la República para convertirla en policía política, otorgándole el derecho a seguimientos, allanamientos e intercepción de comunicaciones a personas elegidas por votación popular. De paso eluden la doctrina de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre la protección a estos ciudadanos.

La andanada contra los derechos y las libertades de los colombianos no se detiene allí y llega límites que parecían infranqueables. Se tramita en el Congreso el proyecto de ley 600, de autoría gubernamental, que pretende restringir la información y censurar a la prensa. Va en primer debate pero a simple vista representa un paso adicional y definitivo para callar el descontento y establecer una dictadura.

Si alguna duda queda, el pasado 29 de junio Duque salió para la localidad de Suba acompañado de la alcaldesa Claudia López a mostrarle a la comunidad el trazado del metro hacia esa parte de Bogotá. La gente lo esperaba con expectativa, querían conversar con él, era una buena oportunidad para dialogar, para atender un sector de la capital con múltiples necesidades. Nada de eso ocurrió. Cuando los pobladores trataron de acercarse al evento fueron atacados por el Esmad en forma violenta, ni los periodistas fueron ajenos a la brutalidad del cuerpo policial, a Katy Sánchez de RCN radio le propinaron una golpiza que quedó grabada, el presidente salió volado en helicóptero, la camioneta de la mintransporte fue apedreada y la comunidad quedo burlada e indignada. El enfrentamiento se prolongó por 10 horas. Al día siguiente, aunque a Duque le tocó reconocer el uso desmedido de la fuerza y anunció que tres agentes del Esmad fueron separados de sus funciones, hizo un llamado al Congreso para que en la próxima legislatura se tramite una ley antivandalismo y antidisturbios, que implica restricciones a la protesta. Definitivamente no pudo con el paro.

Una vez más el gobierno reitera que no negocia, y de ñapa la justicia abre investigación contra dirigentes políticos por proteger la integridad de la protesta donando cascos, gafas, guantes, e ignora a quienes disparan a los ojos de los manifestantes y cortan la vida de docenas de jóvenes en las calles.

Se concluye que el paro es una lucha que se prolonga, entre una fuerza que surge vigorosa, con argumentos justos y válidos, reclamando sus más elementales derechos, enfrentada al sector más retardatario, interesado en mantener sus privilegios en medio de una sociedad desigual y excluyente. Se escucha, se siente un clamor por el cambio y por parte del gobierno se niega una solución, se adopta la mano dura, se dispara a matar.

VENOM es además el nombre de un villano de cómics. El personaje es un extraterrestre con una forma amorfa, semilíquido, que sobrevive mediante la unión con un huésped, por lo general humano. Además el villano es capaz de crear colmillos cargados con una poderosa toxina para envenenar a sus adversarios. Es un tétrico retrato que se asemeja al desempeño del jefe de Estado ante la protesta, quien solo sobrevive unido al “eterno presidente”.

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