Notas sueltas sobre el discurso de Petro del 1º de mayo. Colombia ha de decidir si concluye o no sus tareas democráticas

Edición #94

El camino hacia el capitalismo nacional ciertamente es azaroso y nada exento de escollos. Que no obstante, aparece mejor que el que efectivamente transitó el país: el de una retrasada evolución hacia el surgimiento de un capitalismo en el marco de un Estado dominado por una plutocracia constituida por una alianza entre latifundistas y una burguesía compradora, reaccionaria como la que más y definitivamente progringa.

Por Marcelo Torres Benavides

Dirigente nacional del PTC

En su balconazo del 1º de mayo, el segundo, el presidente Petro puso el acento en varias ideas fundamentales relativas a nuestra realidad política y económico-social, a nuestra historia, a las reformas agraria y de la salud, las reformas laboral y pensional, y remató con un diáfano y poderoso llamado sobre lo que toca hacer, sobre la acción concreta relativa a millones de colombianos, a sus mayorías nacionales y populares.

Para empezar, el primer mandatario llamó la atención sobre el hecho de que la situación actual es similar a la que enfrentó el gobierno de López Pumarejo, a aquella que mediante una guerra civil culminó con el derrocamiento del presidente José María Melo a mediados de la centuria decimonónica colombiana, e incluso a la marejada popular tronchada con el asesinato de Gaitán. A partir de la noción hegeliana de libertad, la satisfacción o superación de la necesidad, Petro observa que esta lucha por la libertad, cuyo primer impulso fue la Independencia de España, no ha terminado; y que uno de sus aspectos esenciales es el logro de la satisfacción de las necesidades vitales del pueblo, como salud, educación, vivienda y pensiones. Precisamente, anotó, a lo que se han opuesto siempre las capas dominantes del país.

De modo que, a Melo y López Pumarejo, a Gaitán y a Petro, les tocó enfrentarse a la misma negativa de los de arriba movida por sus intereses antipopulares. Tal satisfacción de las necesidades populares, prosiguió, está inmersa en tareas cruciales de los países y sociedades y dependiente de su realización. Aquellas “tareas democráticas”, al decir de Petro, que quería desarrollar López Pumarejo, eran, siguen siendo ─permítaseme agregar─, tareas históricas indispensables para que cualquier país se constituya en una nación moderna: la transformación productiva del agro, la industrialización, la autodeterminación nacional y la democracia para el pueblo.

En mayor o menor grado, y de modo y circunstancias determinados, la tendencia y programas de los gobiernos de Melo, de López Pumarejo, como el planteado por Gaitán, y el del presidente Petro, se ubican en esa perspectiva. La esencia del actual enfrentamiento entre las minorías plutocráticas opuestas a las reformas y las mayorías del país representadas en el Gobierno Petro, reside en si estas trascendentales tareas se desarrollan cabalmente hasta su completa realización o si siguen inconclusas. Y hoy todo depende de si masiva y activamente el pueblo de Colombia comprende y decide movilizarse a respaldar el gobierno que plantea adelantarlas.

1º de mayo de 2023

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El llamado principal de Petro en el 2º balconazo : “…a la carretera, a la plaza pública”.

El presidente de los colombianos lanzó un poderoso mensaje a los trabajadores y al pueblo en su conjunto: “No basta con haber ganado en las urnas. El cambio social implica una lucha permanente y esa lucha se da con un pueblo movilizado.” Señaló las fuerzas que deben presidir la movilización: “Al frente de ese pueblo movilizado tiene que estar la juventud, el pueblo trabajador, la clase obrera, a la que pertenece la mayoría de trabajadores… ”

Expresó con ello la advertencia del día, “El pueblo no puede dormirse”. De modo categórico afirmó que no se puede retroceder, porque se perdería el impulso de cambio con que acudieron a las urnas millones de colombianos y colombianas, y previno contra que “…hoy por falta de movilización, quizás por falta de conciencia, dejemos solas las grandes reformas del cambio, para que sean tramitadas por quienes siempre se han opuesto a ellas; sería una pérdida de tiempo histórico, terrible, desastrosa”. Complementó su advertencia con una apasionada invocación de apoyo: “No nos dejen solos en estos Palacios enormes y fríos. No nos dejen solos ante la jauría de los privilegiados”.

Vehemente, demandó estrechar la estratégica unión de pueblo y gobierno: “…la gran revolución en marcha demanda una clase trabajadora que se movilice, que luche, que se organice, que se una. Este gobierno quiere una alianza con el pueblo trabajador; una alianza a fondo; una alianza inquebrantable; una alianza entre trabajadores del campo y de la ciudad y un gobierno popular…”.

Insistió el presidente en que ya no se trata sólo de protestar, ahora el pueblo tiene que decidirse a gobernar. Así lo dijo: “Que ya no simplemente el pueblo proteste, como hacíamos antaño en todas las marchas, sino que se decida de una vez por todas a gobernar”. Y “Se necesita una clase obrera que quiera gobernar”. Nunca en la historia del país un gobernante había voceado una convocatoria tan trascendente y directa.

Apremió a la difusión y pedagogía organizada de las reformas, en especial por el movimiento obrero: “Esa labor misionera del organizador de trabajadores que sale a las fábricas donde no hay sindicato, que sale a las aglomeraciones del pueblo trabajador, allí cuando sale a almorzar, cuando sale del trabajo y reparte un volante y enseña a través de un megáfono en qué consiste la reforma laboral que convoca, que invita a organizarse y a salir. Ese tipo de misionero y misionera del pueblo trabajador lo necesitamos de nuevo, recorriendo las calles de las grandes ciudades, de los campos.”

Y enfatizó en que el escenario fundamental, en el decisivo momento que vive el proceso democrático en Colombia, es la política al aire libre: “Tiene que haber un pueblo campesino, un pueblo trabajador que sepa unirse, vencer los miedos, organizarse y salir a la carretera, a la Plaza Pública, a decir que hay un pueblo trabajador, de once millones de personas, que quiere su derecho a vivir en mejores condiciones”. Al Pacto Histórico, a los sectores que integran esta alianza progresista y de izquierda, a todas las fuerzas democráticas, nos incumbe este decisivo reto. Se impone esforzarnos a fondo para contribuir a su cabal y completo cumplimiento.

2 de mayo de 2023

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Sobre la reivindicación histórica de José María Melo

Señaló Gustavo Petro en su “balconazo” del 1º de mayo, que el de José María Melo fue la última expresión del ejército del Libertador, eje de la Independencia. Que el gobierno de Melo fue derrocado por el ejército de los conservadores, instrumento de antiguos esclavistas. Que fue un luchador de causas democráticas en Centroamérica y luego en Chiapas, México, donde murió defendiendo el gobierno de Benito Juárez, y es considerado un héroe por la población indígena.

Sin duda las sociedades democráticas de artesanos de nuestro siglo XIX (inspiradas en el socialismo utópico de Fourier, Saint-Simon, y Proudhon), base social de la actuación política de Melo, jugaron un papel progresivo al imponer los gobiernos de José Hilario López (1849-1853) y, mediante golpe, al mismo Melo (abril-diciembre 1854). Porque, en el gobierno del primero, hizo aprobar la ley de liberación de los esclavos (1851) y enfrentó con éxito la rebelión armada que, en respuesta, desataron los conservadores esclavistas encabezada por Julio Arboleda y los hermanos Mariano y Pastor Ospina (Cauca y Cundinamarca). Logró también la aprobación de otra ley que basaba la propiedad de la tierra en su cultivo. Y de una tercera, limitando la tasa de interés para impedir la usura. Ya en el gobierno de Melo, las sociedades democráticas presentaron un proyecto de ley para crear un banco nacional de fomento de la industria, crear un Taller Nacional y proteger el trabajo, pero no fue tramitado.

Es cierto que Marx planteó en el Manifiesto y otros escritos sobre el libre cambio que la defensa de la industria artesanal preservaba una forma arcaica de producción, atrasada respecto a la industria maquinizada, comparada con la rápida disolución de la misma que provocaba por la vía del comercio ─se iniciaba la época del librecambismo─, lo cual debía conducir rápidamente, se decía, al capitalismo.

La apreciación de Marx era cierta en cuanto el librecambio, adoptado finalmente en Colombia con la derrota de Melo, vinculó a Colombia al mercado mundial mediante la exportación de materias primas agrícolas, pero este solo factor no bastó para conformar un mercado nacional ni para el arranque de la industrialización moderna en el país. Esta sólo empezó en su rama clásica, la textil, alrededor de 60 años más tarde, iniciado el siglo XX.

En principio, la creación de un banco nacional de fomento de la industria, como la de un taller nacional junto a las leyes proteccionistas, era una propuesta interesante. No exenta de dificultades: el país carecía de acumulación originaria de capital, y el fomento de la industria habría tenido que combinarse con un taller nacional que fomentara no la artesanal, ni siquiera la basada en las manufacturas, sino la industria moderna, para lo cual al lado de las medidas proteccionistas habría debido permitirse la importación de máquinas y luego de máquinas-herramientas.

Un camino hacia el capitalismo nacional ciertamente azaroso y nada exento de escollos. Que no obstante, aparece mejor que el que efectivamente transitó el país: el de una retrasada evolución hacia el surgimiento de un capitalismo en el marco de un Estado dominado por una plutocracia constituida por una alianza entre latifundistas y una burguesía compradora, reaccionaria como la que más y definitivamente progringa.

En lo fundamental, si bien este reconocimiento implica modificar parcialmente nuestro punto de vista sobre un tramo de nuestra historia nacional, tiene razón Petro al plantear la reivindicación de José María Melo, y al denunciar la exclusión ─racista y antinacional─ que la historia oficial ha hecho de su figura.

3 de mayo de 2023

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