Theodor Adorno, Wilhelm Reich y las ambivalencias de la aplicación del concepto fascismo en el mundo actual
Esteban Morales aborda el intenso debate sobre la pertinencia de utilizar el concepto de fascismo para caracterizar el auge de posturas extremistas de derecha en el mundo actual. Cita a Miguel Urbán que advierte sobre la necesidad de no banalizar el término, señalando que no toda opción autoritaria es fascista y que existen diferencias significativas entre el fascismo clásico y las tendencias reaccionarias contemporáneas. Sin embargo, sugiere que, a pesar de las diferencias, hay similitudes que merecen ser analizadas. Se propone que las izquierdas estudien las reflexiones de pensadores como Theodor Adorno y Wilhelm Reich, quienes exploraron el avance del fascismo en Europa en el siglo XX. Ambos autores destacan la irracionalidad en la política y la influencia de la psicología en la conducta de las masas, sugiriendo que el contexto social y la atmósfera autoritaria afectan la conciencia política de los individuos.
Por Esteban Morales Estrada
“En la historia, nunca debe suponerse que la misma cosa volverá a ocurrir; sino, por el contrario, que no puede ocurrir dos veces” [1]
Edward Hallett Carr
I.
Existe hoy en el mundo un intenso debate, en torno a la pertinencia de usar el concepto de fascismo para caracterizar el auge de posturas extremistas de derecha, retardatarias y reaccionarias. Autores como Miguel Urbán, señalan que “las analogías entre la emergencia de nuevas ultraderechas y las fuerzas fascistas de entreguerras no han cesado de producirse en estos últimos años”, pero más adelante, advierte que “no podemos caer en la banalización de que toda opción reaccionaria es fascismo, una consideración ingenua y reduccionista que no nos ayuda a entender y diagnosticar”[2]. En definitiva, siguiendo a Urbán, no “toda opción autoritaria es fascista”[3], y son muchos los elementos que distinguen al fascismo clásico de las tendencias reaccionarias del mundo de hoy. En primer lugar, no hay una polarización tan nítida entre las clases sociales como en los años treinta del siglo XX, y por el contrario, “el nivel de conciencia y de autonomía de la clase obrera está entre los más bajos desde los años cincuenta”; en segundo lugar, no hay un genuino o “verdadero intento de movilizar y de organizar a las masas” desde las diversas organizaciones de derecha; en tercer lugar, “las políticas de la derecha tienen como efecto una sociedad atomizada, no la sociedad orgánica del fascismo”[4], lo que significa que mientras las primeras buscan una población pasiva y desarticulada, el segundo impulsa la movilización y participación de la gente; en cuarto lugar, es clara la unión dentro del fascismo histórico de “el culto a la técnica, la razón instrumental y la modernidad” con elementos arcaicos como el “culto a la sangre, a la mitología o al pasado imperial”, sumado a las “tradiciones ocultistas, la astrología, [y] el antisemitismo”[5], asunto que no es tan claro en los fenómenos políticos retardatarios de hoy. Siguiendo con el interesante trabajo de Urbán, regímenes como el de Trump podrían caracterizarse como “neoliberales autoritarios” que conjugan y unifican tres elementos:
“En primer lugar, posiciones ultraneoliberales en lo económico: desregulación, imperio de la meritocracia, odio larvado al pobre, recortes fiscales, desmantelamiento del Estado social, individualismo extremo. En segundo lugar, posiciones reaccionarias y conservadoras en lo moral con un agudo antifeminismo y LGTBI-fobia. Por último, una concepción profundamente autoritaria de la política”[6].
Continuando con el debate teórico, Michael Löwy considera que el avance de la extrema derecha en el mundo puede caracterizarse como “neofascismo”, ya que señala “a la vez la diferencia y la similitud con el fascismo histórico”[7]. Al debate en torno al concepto y su uso adecuado, puede agregarse el hecho que señala Edgar Straehle de que “el término fascista no es solo descriptivo, sino que, empleado en general como insulto, es más bien valorativo y condenatorio, lo que explica que muchas veces haya sido utilizado de manera exagerada”[8]. Sin embargo, para Straehle, sí hay algunos elementos del fascismo “histórico” que pueden observarse en el actual crecimiento de la extrema derecha, como la simbiosis simultánea entre “un marco trasgresor e incluso antisistema”, y la superación de “aparentes contradicciones” entre la defensa de lo tradicional y lo revolucionario; o la reivindicación de una ideología “negativa”, donde aquello “importante no es tanto lo que se es y por lo que se lucha como lo que no se es y contra lo que se lucha”[9], o en palabras de Norberto Bobbio:
El fascismo, en todo caso, fue un movimiento no tanto antiideológico como inspirado, especialmente en los primeros años, en ideologías negativas, o de la negación, de los valores corrientes. Fue antidemocrático, antisocialista, antibolchevique, antiparlamentario, antiliberal, antitodo[10].

Finalmente, otro asunto importante es la construcción de una “síntesis pragmática entre el pasado y el presente”[11], que permite usar la historia de manera útil como legitimadora de narrativas, y amoldarla a las disputas del presente, asunto que recuerda la frase de Benjamin: “ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo”[12]. En últimas, la dicotomía conceptual que venimos abordado se resume en una frase contundente: “tachar de fascistas a estos movimientos puede parecer demasiado, y no hacerlo, demasiado poco”, lo que invita a reconocer conexiones entre las extremas derechas de hoy y el fascismo del siglo XX, sin olvidar que éstas son “un fenómeno político del presente” .[13]
Después de estas reflexiones y teniendo en cuenta la existencia de similitudes, pero también de amplias diferencias entre lo que podríamos llamar fascismo histórico y el actual neofascismo (usando el concepto de Löwy), es útil para las izquierdas del planeta analizar las reflexiones que sobre el primero hicieron múltiples teóricos y pensadores de esa época. Sin ninguna duda, encontraremos allí algunas claves para entender el fenómeno de hoy y éstas nos servirán para trazar una hoja de ruta que permita configurar una oposición acertada y adecuada. En las próximas páginas analizaremos sintéticamente algunos de los planteamientos de Theodor Adorno (1903-1969) y Wilhelm Reich (1897-1957), dos pensadores que, desde la gran influencia de Freud y el marxismo, intentaron explicar el avance del fascismo en Europa en la primera mitad del siglo XX, buscando una explicación de la proliferación de la barbarie.

II. Adorno
El texto “La teoría freudiana y el patrón de la propaganda fascista” de Adorno da pistas para comprender aspectos del fenómeno que venimos abordando. El avance del fascismo fue, sin ninguna duda, un proceso histórico que impactó a los intelectuales europeos, que pretendieron explicar cómo era posible que dicho proyecto político ganara el apoyo de millones de individuos “en favor de objetivos en gran medida incompatibles con sus propios intereses racionales”[14].
Para intentar entender la “manipulación fascista” y la figura del demagogo que la lleva a cabo, Adorno configura un completo análisis que va desglosando el asunto, y deja claro que, si bien el fascismo recurre a lo arcaico, le interesa reproducirlo a través de las herramientas y elementos propios de la civilización. La “propaganda fascista” necesita a la psicología debido a que sus propósitos son “autoritarios irracionales” y no se apoya en claras y concretas “convicciones racionales”. Para lograr su objetivo, usa la personalización, que consiste en un esfuerzo por “popularizar, por medio de la constante repetición y el aplauso, nombres y hombres en apariencia grandes, en lugar de examinar causas objetivas”[15]; sumado al concepto del gran hombrecito, que busca construir una imagen del líder fascista “que sugiere tanto la idea de la omnipotencia como la de que se trata de uno del pueblo”[16], o en otras palabras, Adorno manifiesta que “al tiempo que se presenta como un superhombre, el líder debe obrar el milagro de parecer una persona común, así como Hitler simulaba ser un compuesto de King Kong con peluquero de barriada”[17]. Dichos mecanismos, se conjugan de una manera explícita, ya que, por un lado, la aparición permanente del líder y las características sobrehumanas que se le asignan, no son un obstáculo para que al mismo tiempo sea vendido como un hombre corriente.
“Puesto que al fascismo le resultaría imposible ganarse a las masas mediante argumentos racionales, su propaganda se tiene que desviar del pensamiento discursivo; se debe orientar psicológicamente, y tiene que movilizar procesos regresivos, irracionales e inconscientes […] En aras de sus objetivos, la propaganda fascista solo necesita reproducir la mentalidad existente”[18].
Dicha “mentalidad existente”, marcada por la ausencia de autonomía en los individuos, sería un elemento crucial para explicar “el hechizo hipnótico” en el cual caen los hombres y las mujeres en el fascismo.

III. Reich
En “La ideología como poder material”, Wilhelm Reich enfoca la problemática desde otra óptica igualmente interesante. Este pensador llama la atención, al principio de su escrito, sobre la preponderancia que la tradición marxista ha dado al campo “de los procesos objetivos de la economía y de la política del Estado”, dejando a un lado “los llamados ‘factores subjetivos’ de la historia, la ideología de las masas”[19], aspecto que desde su perspectiva es un gran peligro a la hora de explicar fenómenos como el nazismo, que pasó de obtener 800.000 votos en 1928 a 17.000.000 en 1933[20].
En esta crítica contra un “marxismo vulgar” y sus claras posiciones “economicistas”, “metafísicas” y “mecanicistas”, Reich advierte “que una crisis económica puede conducir tanto a la barbarie como a la libertad. En lugar de deducir su manera de pensar y actuar de la realidad social, transforma [se refiere al marxista vulgar] la realidad en su imaginación, a fin de hacerla coincidir con sus deseos”[21], y unas páginas más adelante, concluye que hay un claro desfase entre las situaciones económicas y la ideología de las masas, dejando muy claro que “la situación económica no se traslada inmediata y directamente a la conciencia política; si ello fuera así, la revolución social se habría realizado hace mucho tiempo”[22]. Es en este marco que el autor propone la idea de recurrir a la psicología, con la perspectiva o intención de explicar asuntos como: “por qué la mayoría de hambrientos no roba y por qué la mayoría de los explotados no van a la huelga”[23].
Para Adorno y Reich, hay una constante preocupación en torno a la irracionalidad y ambos recurren a Freud como referente, buscando en el mundo de la psicología y el psicoanálisis múltiples respuestas. El individuo puede verse influido por su condición social, y tener “actitudes revolucionarias”; pero simultáneamente, está completamente inmerso en “la atmósfera general de la sociedad autoritaria”, por lo cual, el escenario de confrontación no es solamente social, sino adicionalmente individual, desplazando los factores económicos y poniendo en el panorama el asunto subjetivo y la dicotomía compleja entre tradición y cambio, continuidad y novedad. Todas estas reflexiones de Wilhelm Reich desembocan poco a poco en una polémica hipótesis, que tiene que ver con que la inhibición, frustración y represión sexual de una sociedad y unas familias autoritarias, desembocan “en sadismo brutal”. Los individuos, desde esta óptica, se ven atraídos por aspectos como los “vistosos uniformes para los hombres”, las “muchachas” del reclutamiento, “la excitación erótica de los desfiles debido a la perfección del movimiento rítmico”, aspectos muy “accesibles a una criada o a una empleadilla”, pero que no siempre son tenidos en cuenta por “nuestros políticos más eruditos”[24]. El autor cierra su reflexión sintetizando su idea de la siguiente forma: “la inhibición sexual crea modificaciones estructurales en el hombre oprimido económicamente, que le obligan a actuar, sentir y pensar en contra de sus intereses materiales”[25].

IV
A estas alturas, comprendemos que el fascismo histórico NO es igual que el fenómeno actual, independientemente de cómo lo queramos llamar. Hay algunas cosas en común, pero sin duda, las épocas son totalmente distintas y los dos tienen particularidades, y simultáneamente, permanencias. También hay que aclarar que los dos autores que venimos abordando se refieren al fascismo como un fenómeno complejo de explicar, e intentaron, en compañía de Marx y Freud, entender sus dinámicas. Pero, ¿qué elementos podemos rescatar de estos estudios para la acción política de hoy? Creo que cuatro aspectos:
- La importancia de lo subjetivo en las preferencias políticas: NO todo se explica por el asunto económico y tampoco se soluciona nada con expresiones que juzgan al otro como “bruto”. Por el contrario, la iniciativa debe partir de entender, para poder edificar una estrategia que sea correcta y trate de influenciar a algunas de las personas atraídas por el hechizo del autoritarismo.
- La relevancia de la batalla en lo educativo e ideológico: teniendo en cuenta lo anterior, el asunto de la pedagogía debe ser una preocupación constante, y la disputa por consolidar una conciencia de clase, que busque coherencia entre los intereses económicos y la acción ideológica, conviene entenderla como un enfrentamiento de subidas y bajadas, de contradicciones y de complejidades constantes. No es un proceso eminentemente racional y debe adaptarse a las nuevas formas de comunicación. Herramientas y opciones como las redes sociales deben ser usadas en beneficio de un proyecto emancipador, y no minimizarlas. Experiencias políticas recientes han mostrado la importancia de llevar la disputa política a esos escenarios, que constituyen, retomando a Althusser, un permanente “campo de batalla filosófico[26] .
- Los constantes peligros de las soluciones autoritarias, retardatarias y reaccionarias no deben olvidarse. El neofascismo muestra que este tipo de perspectivas nunca están muertas del todo, y en momentos de “crisis” o de “ambivalencias” pueden regresar y tentar con fuerza a amplios sectores de la población. Este asunto ya había sido señalado hace décadas por el mismo Adorno y Horkheimer:
“Pero no está dicho que cuando todo termine deba difundirse por Europa [ni por el mundo] un aire de libertad, no está dicho que sus naciones puedan convertirse en menos xenófobas, anticulturales y pseudocolectivistas que el fascismo del que han debido defenderse. La derrota del alud no interrumpe necesariamente su movimiento”[27].
- Elementos asociados a la personalización, el gran hombrecito o la represión sexual pueden explicar parte del fenómeno actual. Hombres como Milei o Trump se venden como contradictores de los políticos tradicionales o de una supuesta “casta”, y hacen girar en torno a ellos una especie de desconfianza frente al Estado o al poder de los hombres de la política, pero su propuesta en el fondo es profundizar el neoliberalismo y explotar resentimientos (algunos de los cuales pueden tener carácter sexual) a nivel electoral, propiciando la persecución contra los “otros” como chivos expiatorios, bien sean inmigrantes, homosexuales o personas de izquierda. Son líderes que piensan que son indispensables y no les interesa construir partidos o ideologías sólidas que comprendan los desafíos de sus respectivas naciones, recurriendo de manera permanente a la irracionalidad y alardeando plácidamente de su ignorancia; se venden como hombres exitosos, pero, con la supuesta preocupación por el hombre/mujer común y corriente, edifican un relato que los ubica como parte de los que se oponen a lo establecido, mientras lo profundizan. Ya lo decía Lampedusa, a través del personaje de Tancredi, en su gran novela El Gatopardo: “si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie”[28].
[1]Edward Hallett Carr, La nueva sociedad (México: Fondo de Cultura Económica, 2017), 16.
[2]Miguel Urbán, “¿Vuelven los años treinta? ¿Regresa el fascismo?”, en Trumpismos. Neoliberales y autoritarios. Radiografía de la derecha radical (México: Fondo de Cultura Económica, 2025), 33.
[3]Miguel Urbán, “¿Vuelven los años treinta?” … 42.
[4]Miguel Urbán, “¿Vuelven los años treinta?” … 43.
[5]Miguel Urbán, “¿Vuelven los años treinta?” … 37.
[6]Miguel Urbán, “¿Qué hacer para combatir a la extrema derecha?” en Trumpismos. Neoliberales y autoritarios. Radiografía de la derecha radical (México: Fondo de Cultura Económica, 2025), 289.
[7]Michael Löwy, “Prólogo”, en Trumpismos. Neoliberales y autoritarios. Radiografía de la derecha radical (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2025), 10.
[8]Edgar Straehle, “Fascismo ¿La llama sigue ardiendo?” en Nueva Sociedad n° 302 (2022), 72.
[9]Edgar Straehle, “Fascismo ¿La llama sigue ardiendo?” … 77.
[10]Norberto Bobbio, “La ideología del fascismo” en Perfil ideológico del siglo XX en Italia (México: Fondo de Cultura Económica, 2014), 202.
[11]Edgar Straehle, “Fascismo ¿La llama sigue ardiendo?” …78.
[12]Walter Benjamin, “Sobre el concepto de historia” en Tesis sobre el concepto de historia y otros ensayos sobre historia y política (Madrid: Alianza Editorial, 2024), 69.
[13]Edgar Straehle, “Fascismo ¿La llama sigue ardiendo?” …79.
[14]Theodor Adorno, “La teoría freudiana y el patrón de la propaganda fascista” en Argumentos n° 18/19/20/21 (1988), 67.
[15]Theodor Adorno, “La teoría freudiana y el patrón de la propaganda fascista” …72.
[16]Theodor Adorno, “La teoría freudiana y el patrón de la propaganda fascista” …79.
[17]Theodor Adorno, “La teoría freudiana y el patrón de la propaganda fascista” …78.
[18]Theodor Adorno, “La teoría freudiana y el patrón de la propaganda fascista” …91-92.
[19]Wilhelm Reich, “La ideología como poder material” en La psicología de masas del fascismo (México: Ediciones Roca, 1973), pág. 14.
[20]Wilhelm Reich, “La ideología como poder material” … 23.
[21]Wilhelm Reich, “La ideología como poder material” … 26.
[22]Wilhelm Reich, “La ideología como poder material” … 30.
[23]Wilhelm Reich, “La ideología como poder material” … 31.
[24]Wilhelm Reich, “La ideología como poder material” … 46.
[25]Wilhelm Reich, “La ideología como poder material” … 47.
[26]Louis Althusser, Filosofía y marxismo. Entrevista y correspondencia con Fernanda Navarro (México: Siglo XXI Editores, 2015), 21.
[27]Max Horkheimer y Theodor Adorno, Dialéctica de la Ilustración (Madrid: Editorial Trotta, 2018), 256.
[28]Giuseppe Tomasi Di Lampedusa, El Gatopardo (Barcelona: Editorial Anagrama, 2023), 57.