Los Descalzos

Mosquera
Edición #95
17 de agosto de 2023

La obra de Fernando Wills y de Juan Leonel Giraldo es la exaltación del trabajo político adelantado por jóvenes provenientes de todas las clases sociales del país bajo la ideología de la clase obrera, desde obreros y campesinos hasta herederos de grandes fortunas del país por la casi totalidad de la geografía de Colombia.

Por Pascual Amézquita

PhD. en Economía, profesor universitario
Pascual

En la introducción Mosquera y sus descalzos que Leonel Giraldo hace al libro Solo teníamos el día y la noche, el afamado periodista y escritor muestra aspectos vertebrales del pensamiento de Francisco Mosquera en la construcción del Partido del Trabajo de Colombia, PTC. El recuento sirve de abrebocas a las casi 500 páginas que sintetizan las experiencias de un centenar de cuadros representativos de más de mil intrépidos jóvenes −según la cuenta de los autores− que conformaron el batallón de Los Descalzos.

La obra de Fernando Wills y de Juan Leonel Giraldo es la exaltación del trabajo político adelantado por jóvenes provenientes de todas las clases sociales del país bajo la ideología de la clase obrera, desde obreros y campesinos hasta herederos de grandes fortunas del país por la casi totalidad de la geografía de Colombia.

Los estudiosos de la historia del PTC tienen en sus manos un filón de datos para desentrañar el curso de los acontecimientos en esos tres lustros que cubren los relatos de sus protagonistas.

Giraldo empieza por recordar la dura lucha de Mosquera por deslindar campos con la entonces predominante tesis de la guerra de guerrillas como forma para hacer la revolución en las agitadas décadas de 1960 y 1970. Contra esa apabullante marea se levantó Mosquera para indicar que el camino era otro, era la construcción de un partido de la clase obrera con sólido entronque en el campesinado y en las otras clases y sectores de clase dispuestos a luchar por la independencia nacional.

Pero la ruptura con el infantilismo de izquierda fue más allá y de esa manera en 1972 Mosquera orientó al PTC para que participara en las elecciones de ese año a corporaciones públicas. La herejía no podía ser mayor a los ojos de casi todo el resto de la izquierda. Y en esa decisión de Mosquera hunde sus raíces el trabajo político llamado de los descalzos pues muchos de los militantes empezaron a desplazarse a hacer campaña electoral a lo largo y ancho del país. Giraldo lanza una interrogación que anima todo el texto: “algunos se preguntan por qué estos jóvenes, cuyo testimonio recoge este libro, abandonaron sus estudios y su vida cómoda de la ciudad para desplazarse ciegamente a sufrir los rigores y penalidades del campo”.

En los años subsiguientes a las elecciones de 1972 el PTC empezó a delinear el contenido y la forma del trabajo de los descalzos. Infortunadamente, como indica Giraldo, no hubo materiales escritos que recogieran las discusiones realizadas y, es más, en las instancias de dirección partidarias solo hubo un par de reuniones nacionales dedicadas específicamente a analizar la epopeya que se estaba adelantando. Los balances preliminares que se hicieron lo fueron en reuniones de direcciones locales y regionales con la presencia de algunos cuadros de la dirección nacional y casi siempre con Mosquera, y la orientación a quienes anunciaban su decisión de descalzarse se daban de viva voz y quizá quedaban anotadas en la libreta de apuntes del cuadro. Giraldo cita a Mosquera en uno de sus escritos de 1979:

“En este momento el 25% del partido está en el campo. Sin embargo hay en el seno del partido concepciones contrarias. Por el éxodo campesino hacia las ciudades algunos se preguntan cómo es posible que cuando se vienen despoblando las áreas rurales nuestro partido contrariamente plantee irnos para el campo. El problema del campo históricamente es el de crear un ejército y hacer la guerra. Nuestra tarea de casi ocho años fue la de concentrar esfuerzos del movimiento obrero. Ahora el partido tiene ante sí el reto de su subsistencia. Si el gobierno ordena aniquilarnos nuestra salvación está en irnos a vincular el campo. Pero no solo esto, es la vinculación del campesino en la lucha. Por la situación de atraso que vive Colombia la base de nuestro desarrollo está en el campo”.

De ahí la importancia del libro de Wills y Giraldo y de los materiales que sirvieron para su elaboración, cerca de un millar de horas de grabaciones y varios cuadernos de notas. Se echa de menos el material fotográfico pues ni siquiera Julio Verne, que anticipó computadores, submarinos y naves espaciales, alcanzó a imaginar las selfis.

A lo largo de una decena de capítulos el libro describe la parábola de ese inconmensurable trabajo político que hicieron los descalzos para llevar las ideas y las prácticas organizativas del PTC hasta los más alejados rincones del país.

El objetivo era ganarse, primero que todo, el corazón de las gentes, en el más puro sentido maoista, para así, sobre esa base sólida, ir construyendo la organización partidaria a lo largo y ancho del país. La tarea implicaba para los cuadros del PTC el estudio concienzudo de la geografía del país para identificar los sitios estratégicos en los que la presencia de los militantes tendría mayor posibilidad de incidencia política. Luego el descalzo debía mimetizarse entre los pobladores para lo cual se vinculaba a las labores productivas de la región. Uno de los resultados de esta directriz fue la creación de cooperativas en las más apartadas zonas del país para ayudar a los campesinos a disponer de sus productos.

Más adelante los mismos cuadros fueron apoyando su labor política con actividades dirigidas al mejoramiento de la vida de los lugareños como las culturales y médicas, apoyándose en otras de las tareas que el PTC desarrollaba en las ciudades, el trabajo con grupos de teatro y de música siendo los más destacados el Teatro Libre y el Son del Pueblo, entre muchos que acogieron el llamado partidario, al lado de brigadas médicas que llegaron a crear puestos de salud itinerantes y luego estables como el de Magangué.

Hoy casi medio siglo después, entre los lectores del libro Solo teníamos el día y la noche hay un buen número de amigas y amigos del PTC que recibieron a los descalzos y oyeron su mensaje y alborozados se reconocen en las líneas del libro.

Todas estas historias de los descalzos están contadas en la obra que nos ocupa, y aparte de su intrínseco valor para conocer la odisea personal de los entrevistados, ofrece a los lectores e historiadores un inédito ángulo de análisis de la historia del Partido del Trabajo de Colombia que hoy se regocija con la obtención de la personería jurídica como organización política.

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