La guerra asimétrica de la tecnológica

En una situación de incertidumbre geopolítica, con una potencia hegemónica como los EE. UU. que se siente amenazada por otra en ascenso como lo es China, y una pandemia que aumenta y complica las tensiones internacionales, todos los países y sus empresas tratarán de diversificar sus cadenas de suministro, para evitar cambiar la manera como hasta ahora vienen produciendo. Quien controle los datos, controlará probablemente el nuevo orden internacional. Pero allí también el desacople tecnológico puede culminar en dos sistemas paralelos, que no compartan información ni infraestructura entre sí, y los perjudicados serán sin duda los países dependientes de las potencias y subyugados esta vez por los adelantos tecnológicos que les serán entregados a conveniencia y con fines políticos claros. Generando mayor dependencia y pérdida de su soberanía nacional.

Por Nelson Ortiz Mora
Octubre del 2020

La pandemia ha provocado un sismo en muchos de los aspectos de la vida nacional e internacional, y la campaña de la presidencia de los EE. UU., no ha sido ajena a ello. Al inicio, el tema de tecnología estaba encima de la mesa y marcaba un punto álgido de la discusión entre las dos corrientes enfrentadas, pero con la aparición de la pandemia el tema fue relegado.

El asunto más publicitado de la guerra es la tecnología 5G y las restricciones que EE. UU. han querido imponer a la multinacional china Huawei. Aunque públicamente se hace referencia a la guerra desatada por Trump contra las empresas de tecnología china, la verdad es que esta iniciativa de obstaculizar y tratar de detener el avance tecnológico de China proviene del gobierno de Barack Obama, quien, a través de la inteligencia norteamericana alertó de los supuestos peligros escondidos en las tecnologías ofrecidas por empresas como Huawei.

Su denuncia se sustentó en que las empresas chinas deben cumplir cualquier solicitud de información que pida el Estado chino y manifestó que en mayor proporción el Estado chino es dueño o al menos accionista de las empresas tecnológicas, y en el caso especial de Huawei mencionó cómo el fundador y presidente Ren Zhengfei, fue oficial del Ejército Popular de Liberación.

El tema de la guerra comercial no se reduce solo a la tecnología 5G. Sin embargo, debe conocerse que su implementación cambiará por completo la forma como vivimos. 5G es parte crucial del desarrollo de la Cuarta Revolución Industrial, genera un impacto mayúsculo en la seguridad económica y nacional de los Estados. Esta tecnología permite conectar todo lo que no está conectado en el mundo, los componentes de la industria, los componentes del hogar, todo lo que se mueve en una ciudad, en el campo y los demás ámbitos que permiten al ser humano subsistir en nuevas condiciones mejoradas como es el caso de la biomedicina[i]. Para las próximas tres décadas se espera que 5G haya generado 22 millones de empleos nuevos y rendimientos económicos superiores a los $13 billones de dólares en todo el mundo, razones poco despreciables para las potencias del mundo. Esta es sin duda una razón suficiente para querer liderar su desarrollo e implementación, y estas son las razones para ponerlas como bandera de combate.

¿Pero cómo es el entorno internacional?

En la actualidad China aventaja en patentes en algunos sectores estratégicos de tecnología (redes 5G, Inteligencia Artificial y robótica) a los EE. UU., pero como están las cosas en la industria tecnológica, ni China, ni EE. UU. pueden vivir el uno sin el otro. Veamos por qué.

De seguir la guerra como va, la competitividad estadounidense se puede ver afectada ya que empresas como Intel, Apple y Qualcomm (empresas que valen en bolsa más de 2 billones de dólares), dependen de proveedores que tienen base en China, y China les ofrece una mano de obra más barata y con unas escalas de producción muy superiores a las nacionales. Y a su vez China depende de los semiconductores con patentes estadounidenses y buena parte de la generación de empleo chino se basa en las empresas que ensamblan las más populares marcas comercializadas en EE. UU. En últimas, ninguno de los países es autónomo ni autosuficiente.

La disputa es más complicada. Aunque las posiciones políticas sobre tecnología no determinen el resultado de las elecciones en Norteamérica, quien ocupe la Oficina Oval independiente del partido político que sea, tendrá una gran influencia en el sector tecnológico mundial. Entre las responsabilidades tendrá que establecer una política para el despliegue de la banda ancha de la internet en su país, una política exterior para abordar los problemas de la seguridad nacional involucrando a China, y tendrá que decidir cómo y en qué forma controlar el crecimiento, poder e influencia de gigantes de las redes sociales como Facebook y Twitter.

EE. UU. tiene internamente aspectos sobre tecnología que no ha resuelto y sobre los cuales ya se han visto algunas tendencias. La neutralidad en la red, el antimonopolio y moderación de contenidos, los desarrollos de innovación tecnológica, los controles para moderar el contenido de las redes sociales, la privacidad de los datos y las telecomunicaciones, son algunos de ellos, y aunque pareciera un tema de “no te lo puedo creer”, el área rural norteamericana no tiene cubrimiento total de Internet, ni de telefonía móvil, y en buena parte, esta necesidad se suple con pequeñas empresas que tienen como base la tecnología y los servicios de soluciones chinas.

Si Joe Biden gana las elecciones, por la cercanía que tiene su compañera de fórmula con Silicon Valley, seguramente las grandes tecnológicas disfrutarán de un mejor ambiente; ambiente similar al que tuvieron en los periodos de la administración Obama, pero de ganar Donald Trump, seguramente los republicanos tomarán acciones contra las multinacionales. Eso lo dejaron claro con lo vivido en el Senado el 28 de octubre donde fueron citados los CEO de Google, Facebook y Twitter para presionarlos por no darle ayuda a la campaña de Trump. Este episodio tiene origen cuando estas empresas etiquetaron los mensajes de Trump, como “violador de las reglas de las plataformas sobre glorificación a la violencia”, después de lo ocurrido en las protestas y saqueos en Minneapolis, Minnesota, por la muerte del afroestadounidense George Floyd después de que el policía blanco Derek Chauvin le apoyara una rodilla en el cuello y el presidente tildara en sus redes sociales de “delincuentes" a los manifestantes, y advirtiera que "cuando comienza el saqueo, comienza el tiroteo". Luego de esta sanción, la ira no se hizo esperar, apoyado por sus seguidores de la derecha alternativa (alt-right), y para según ellos, contrarrestar la censura a la que ha sido objeto su líder, vienen trabajando las reformas a La Ley de Decencia de Comunicaciones que fue impulsada por Bill Clinton durante su mandato y con la que se buscaba legislar sobre el acceso a la pornografía en la Internet, y en la cual existe una sección, la 230 específicamente, que plantea entre otras cosas que “Ningún proveedor o usuario de un servicio de ordenadores interactivo deberá ser tratado como el publicador o emisor de ninguna información de otro proveedor de contenido informativo”, es esta sección a la que se quiere acoger y lograr libertad plena para todo tipo de mensajes y discursos conservadores y violentos, incluso, ha solicitado por orden ejecutiva, que se prohíban dineros federales para la publicidad y marketing destinados a las plataformas.

EE. UU. seguirá la guerra comercial con la estrategia de seguir adelantando las reformas propuestas en sus leyes Cloud Act. o Ley de la Nube y la Ley de la Red Limpia tendrá, para resurgir tecnológicamente, que combatir en su interior las posturas proteccionistas implementadas por Trump. Otra estrategia para la guerra será el reforzamiento de los lazos con sus aliados internacionales, en especial con Japón y la Unión Europea. Claro está menoscabando la soberanía nacional del mundo y tratando de apoderarse y controlar el activo más valioso de la época como es la información.

Mientras que su contendor, China, tiene resueltos algunos de los aspectos de preocupación para EE. UU., otra cosa es cómo lo hace. El gobierno chino en cabeza del Partido Comunista es el operador de los servicios de la Internet y controla totalmente los contenidos, ningún individuo o entidad pública o privada puede crear, reproducir, recuperar o transmitir información que atenten contra el Partido Comunista de China, contra las leyes del país o que promuevan rumores, falsedades o destruyan el orden en la sociedad.

En la actualidad tienen en funcionamiento más de 500.000 estaciones base 5G, la conectividad en la red ya supera los 100 millones de dispositivos y las aplicaciones que corren dentro de ellas cubren el sector industrial y las fábricas. Los sectores como la medicina, los medios de comunicación y en especial el trasporte y la agricultura trabajan con tecnologías de punta, ya pueden determinar el estado de la tierra para cultivar, las necesidades alimentarias de las poblaciones, y carreteras con vehículos autónomos especialmente dedicados al transporte en áreas de hierro y acero. En 1977 y el mismo día que oficializó las redes 5G, informó al mundo que daba comienzo formal al desarrollo 6G, y su puesta en funcionamiento está trazada para 2030 (6G será la fuerza que habilitará una generación completamente nueva de aplicaciones de Inteligencia Artificial). Los servicios de Internet están siendo suministrados por satélites en muchas partes de su vasto territorio, y todo su desarrollo tecnológico va encaminado a conseguir su objetivo en 2049, (fecha del centenario de la República Popular China) y el cual consiste en que el país sea una «potencia socialista moderna», como ellos la han denominado. China seguirá con su proceso obsesivo de crear tecnología y empresas chinas de semiconductores, actividades que no se verán cristalizadas en los próximos meses, pero sí en pocos años, o presentará soluciones tecnológicas innovadoras que lleven a cambios drásticos de tecnología.

En esta situación de incertidumbre geopolítica, con una potencia hegemónica como los EE. UU. que se siente amenazada por otra en ascenso como lo es China, y una pandemia que aumenta y complica las tensiones internacionales, todos los países y sus empresas tratarán de diversificar sus cadenas de suministro, para evitar cambiar la manera como hasta ahora vienen produciendo.

Quien controle los datos, controlará probablemente el nuevo orden internacional. Pero allí también el desacople tecnológico puede culminar en dos sistemas paralelos, que no compartan información ni infraestructura entre sí, y los perjudicados serán sin duda los países dependientes de las potencias y subyugados esta vez por los adelantos tecnológicos que les serán entregados a conveniencia y con fines políticos claros. Generando mayor dependencia y pérdida de su soberanía nacional.

Nota
[i] Biomedicina es un término que engloba el conocimiento y la investigación que es común a los campos de la medicina como la odontología y las disciplinas del ámbito de la biología como son la bioquímica, inmunología, histología, genética, embriología, anatomía, fisiología, patología, ingeniería biomédica, zoología, botánica, microbiología y farmacología.

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