De la dictadura democrático-burguesa al fascismo

Fachismo

La tendencia hacia el fascismo se ha exacerbado en el mundo en lo corrido del siglo XXI como lo muestra el ejemplo de Estados Unidos, y en América Latina asoma sus orejas en varios países, incluido Colombia. Por eso conviene encontrar una caracterización para identificar el fascismo y así diferenciarlo de la común dictadura burguesa hoy visible en Europa o en Oceanía y enfrentarlo adecuadamente.

Por Pascual Amézquita

PhD. en Economía, profesor universitario

Durante el siglo XX la forma original de la dictadura de la burguesía, conocida como democracia burguesa, fue erosionándose hasta llegar a su expresión más mortífera, el nazismo. Tal erosión adquirió diferentes nombres −totalitarismos, dictadura, bonapartismo, cesarismo, nazismo, falangismo, neofascismo, iliberalismo− siendo la etiqueta fascismo la más común, sin negar que hay diferencias entre esos rótulos.

La tendencia hacia el fascismo se ha exacerbado en el mundo en lo corrido del siglo XXI como lo muestra el ejemplo de Estados Unidos, y en América Latina asoma sus orejas en varios países, incluido Colombia. Por eso conviene encontrar una caracterización para identificar el fascismo y así diferenciarlo de la común dictadura burguesa hoy visible en Europa o en Oceanía y enfrentarlo adecuadamente.

La dictadura de la burguesía

Todo Estado representa los intereses de una clase social en particular. No hay Estado que no tenga esa característica. Por eso a lo largo de la historia de la civilización pueden reconocerse varias formas típicas e identificar al servicio de qué clase estaba, es decir, cuál clase ejercía la dictadura: Estado esclavista, Estado feudal, Estado capitalista (o burgués), Estado socialista.

A medida que el capitalismo fue desplazando al feudalismo −en Europa hacia el siglo XV−, la clase propietaria en el naciente sistema, la burguesía, necesitó adelantar una revolución para tomar el control político y constituir así un Estado a su medida. La expresión más acabada del Estado burgués fue el establecido con la Revolución Francesa de 1789. Es decir, la burguesía creó un tipo de Estado bajo su dirección (de ahí el nombre de dictadura burguesa) para consolidar la economía capitalista.

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Los elementos de la dictadura burguesa se venían teorizando en el siglo XVIII y se describieron en textos de la época: La Enciclopedia (escrita a varias manos bajo la dirección de Diderot y Dalambert), El espíritu de las leyes (Montesquieu), El contrato social (Rousseau), Dos tratados sobre el gobierno civil y Cartas sobre la tolerancia (Locke), Los seis libros de la república (Bodino) entre las obras cimeras que dieron forma a los Estados de la burguesía. La Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789 es una buena síntesis de estos principios. La forma que adquirió el Estado burgués (o la dictadura burguesa, que es lo mismo) es fácilmente reconocible por estos elementos:

  • El poder del Estado ya no se encuentra en manos de un solo personaje como lo fue durante la Edad Media (absolutismo monárquico), sino que ahora se ha repartido al menos en tres partes o ramas: el ejecutivo, el legislativo y el judicial (este último puede estar unificado o a su turno subdividido como ocurre en Colombia con la Corte Suprema de Justicia, la Corte Constitucional, la Jurisdicción Especial de la Paz).
  • Quienes están al frente de cada rama del poder público son elegidos, es decir no acceden al cargo por herencia o por la fuerza de las armas. La escogencia debe expresar la voluntad general a través de un proceso electoral previamente establecido.
  • Las relaciones entre las tres ramas del poder público y las de este poder con los gobernados están reguladas por normas o leyes, en particular la constitución política.
  • El comportamiento de los gobernados −sus derechos y deberes− están claramente establecidos en la normatividad, siendo el principio general que les es permitido todo aquello que no esté prohibido. Para los gobernantes sus derechos y deberes tienen otra forma: solo pueden hacer lo que está expresamente permitido.
  • Un supuesto esencial para la aplicación de la dictadura de la burguesía es el reconocimiento de la soberanía del Estado, es decir, el derecho que tiene cada país para gobernarse sin la injerencia de otros estados. Jean Bodino indicó que el hecho más notorio de la soberanía del Estado es su capacidad de emitir moneda.

Este entramado jurídico-político, que constituye como queda anotado la dictadura de la burguesía, se conformó para permitir la libre marcha de los negocios comerciales, industriales y financieros de la burguesía, es decir, la libre competencia y la defensa de la propiedad privada contra los ataques de los reyes absolutistas.

Los principios plasmados en la Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano durante la Revolución Francesa conformaron la espina dorsal de las constituciones políticas de los estados modernos, entre otras la de Estados Unidos (1787) o la de Colombia (constitución de Cúcuta de 1821).

El fascismo: “La legalidad los mata”.

A lo largo del siglo XIX se fue generalizando la promulgación de constituciones políticas en Europa y América (sin perder de vista que casi toda África, Asia y Oceanía eran colonias) pero paradójicamente en la patria de los derechos humanos se observó su primera gran violación hacia mediados del siglo XIX para enfrentar la llamada Revolución de 1848 de Francia.

En los análisis que Marx y Engels hicieron de esta revolución subrayaron que la burguesía enfrentaba un notorio riesgo de perder el control del Estado y que en consecuencia a través del gobernante, Napoleón III (sobrino del gran Napoleón) encontraron la ruta para mantenerse en el poder aboliendo principios establecidos medio siglo atrás. Es decir, la burguesía francesa para mantener el poder en 1848 renunció a varios de los postulados de la Revolución Francesa de 1789. Para sintetizar este viraje Marx utilizó una frase de uno de esos burgueses que dio la voltereta: “la legalidad nos mata”. Es decir, los derechos del hombre y del ciudadano se estaban convirtiendo para la burguesía en un obstáculo para gobernar.

Cuando Lenin hace el recuento de este proceso en El Estado y la revolución (libro publicado en 1917, un mes antes de la Revolución bolchevique) puntualiza que en su evolución a la defensiva de la dictadura burguesa uno de los pasos fue amolar el poder del parlamento (congreso) hasta convertirlo en un adorno sin utilidad práctica diferente a utilizar su poder para enriquecer a los parlamentarios. El significado del cercenamiento del poder del parlamento adquiere toda su dimensión cuando se tiene en cuenta que la primer victoria de la naciente burguesía inglesa contra el absolutismo monárquico fue la constitución del parlamento para discutir los impuestos, dando origen en 1225 a la llamada Carta Magna.

Lenin hizo un recuento de la mutación del Estado y los derechos por la misma burguesía, pero no tuvo ocasión de analizar la novedosa forma, el fascismo. El ascenso al poder por los fascistas italianos a la cabeza de Benito Mussolini en 1922, de los nazis alemanes con Hitler en 1933 y de Franco con la falange en España en 1936 mostrarían las características distintivas del comúnmente denominado fascismo. Haciendo una síntesis de los aspectos básicos, se puede caracterizar así la ruta hacia el fascismo:

  • El poder del Estado se va concentrando en pocas manos. Puede que subsistan formalmente las tres ramas del poder público, pero solo de adorno. Mussolini mantuvo abierto el parlamento hasta 1936, mientras que Hitler subió con la promesa a los empresarios de que no habría más elecciones, oferta que cumplió. En Colombia Ospina Pérez cerró el congreso que dejó de funcionar durante diez años.
  • La rama judicial está subordinada a los dictámenes del gobierno por la fuerza o por conveniencia como puede verse hoy en buena parte del poder judicial en Estados Unidos, donde se ha venido desarrollando la teoría del “ejecutivo unitario” o presidencia imperial, con el respaldo de la Corte Suprema. En Ecuador en días pasados fue asesinado la fiscal que adelantaba investigaciones por la muerte de pescadores en el Pacífico a manos de militares gringos.
  • Los derechos de las masas son cercenados o simplemente arrasados a través de medidas de excepción o saltándose toda posible legalidad, con la anuencia de los otros poderes públicos. Así se menoscaba o elimina el derecho de asociación, de libertad de prensa, de libertad de culto, los de participación ciudadana, etc.
  • Para presentar cierta apariencia de legalidad se convocan elecciones pero cercadas de interferencias, fraudes y sabotajes como se ha visto en América Latina y en Colombia en las pasadas elecciones desde las “consultas” para elegir precandidatos. En Estados Unidos Trump está cambiando las reglas electorales para sabotear la fuerza de las minorías inconformes a través de la alteración de los distritos y censos electorales para fragmentar las mayorías donde hay negros o latinos o demócratas. En Ecuador Noboa ilegalizó dos partidos de oposición, Revolución Ciudadana y Amigos. Los politólogos acuñaron la expresión “democracia iliberal” para hacer mención a las democracias donde hay una farsa de elecciones.
  • La violencia más o menos abierta contra la oposición. En Estados Unidos a raíz de los atentados del 11 de septiembre el presidente fue investido de poderes extraordinarios para hacerle frente al “terrorismo”, categoría nunca definida en sus leyes pero útil para atacar cualquier expresión de la oposición, incluso en los medios de comunicación. Es usual atacar al enemigo bajo una etiqueta genérica “judío”, “comunista”, “socialista”, “latino”, así no se sepa a ciencia cierta qué es. Nótese que la derecha gringa está generalizando el epíteto de “comunista” contra cualquier tipo de oposición a Trump. Ya desde la época de Marx, como él mismo anotara, “hasta las exigencias más liberales aparecen ahora como socialistas”.
  • Es usual el llamado a la “defensa de la nación” o de la “patria” pero no entendida como proyecto común sino como raza, territorio, idioma, religión civilización y ante todo, mercado interno. El ejemplo hoy está en las medidas de Trump, lo que muestra una paradoja y contradicción con sus incondicionales −Milei, Bukele, Noboa, De la Espriella−, que subordinan la patria a los dictámenes del imperialismo.
  • Hay otros tres campos del fascismo que merecen un amplio espacio de análisis −acá apenas se esbozan−, el económico, el internacional y el cultural. Sobre el económico se destaca que la burguesía bajo el fascismo descarga parte significativa de la marcha de sus negocios en el Estado, directa o indirectamente. El gobierno Trump ha puesto en manos del Estado, a través de inversiones o de compra de acciones, sectores claves en la producción de inteligencia artificial y materias primas esenciales[1] . Esta tendencia fue prevista por Engels[2]  y Lenin[3]  ahondó en ella en varios escritos de 1917, en medio de la Primera Guerra Mundial. Posteriormente Keynes, llamado el médico del capitalismo, no solo la registró como un hecho que estaba ocurriendo sino que la mostró como una solución a los problemas de la anarquía y cortoplacismo de los inversionistas privados[4] . En palabras de Mussolini: “Nuestra fórmula es esta: todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”. Pero los pasos de Trump van más allá de una simple “planeación indicativa” keynesiana. Al igual que con Hitler y Mussolini, en el gobierno estatal están incrustados los empresarios de manera muy directa.
  • Sobre la política internacional, el hecho común es la destrucción de cualquier organismo supranacional, en particular donde prime el concepto de un país un voto, como en la ONU, la OEA, la OIT. En otros aspectos hay que diferenciar el fascismo en los países centrales del fascismo en las neocolonias. El precepto general es que las potencias fascistas hacen lo que les provoque mientras que las neocolonias fascistas pierden hasta el último vestigio de soberanía pues su papel es exacerbar la aplicación del Consenso de Washington. Es la aplicación de tres principios territoriales de Hitler: el Lebensraum (espacio vital), el Grossraumwirtschaft (área económica a gran escala) y el Anschluss (unión, reunión o anexión).
  • En la cultura un punto notorio es la «emocracia» (acrónimo de emoción y democracia) palabra que se utiliza para describir un sistema o un estado de la opinión pública donde las emociones, los sentimientos y las reacciones viscerales sustituyen a la razón, los datos objetivos y el debate racional como motores principales de la política.
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Este breve muestrario de características del fascismo debe ayudar a diferenciar las usuales prácticas de la dictadura de la burguesía (un Estado formalmente democrático) y el fascismo que se caracteriza por desconocer en alta medida los desarrollos hechos en la etapa revolucionaria de la burguesía ante todo durante la Revolución Francesa y por la lucha del proletariado mundial enfrentando al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. La finalidad de ese arrasamiento de derechos y libertades es poder exprimir al proletariado, el campesinado y los pequeños productores acallando su protesta y recortar los avances económicos y políticos que estas clases han alcanzado.
La lucha

Un punto común, que requiere una profunda explicación, es el origen de estos hechos. La historia muestra que el fascismo surge como necesidad de la burguesía de recuperar las ganancias arrebatadas por la lucha obrera. Terminada la Primera Guerra Mundial en Europa y Estados Unidos hubo un auge de huelgas y de partidos de izquierda exigiendo −y logrando− reivindicaciones salariales y sociales. La burguesía contraatacó al poder proletario y por errores cometidos por los partidos de la clase obrera estos triunfos no se mantuvieron y en cambio sí se permitió el auge del fascismo. Como indicara Gramsci, el fascismo “es el intento de resolver los problemas de producción y de cambio con ametralladoras y revólveres”.

La llegada al poder del fascismo en Italia, Alemania o España no fue un hecho imprevisto e inevitable, sino el resultado de errores políticos de la izquierda. Por esa misma lógica, fue posible su derribamiento, gracias a la conformación de un amplio frente antifascista impulsado por Stalin. De igual manera, el fascismo no es una forma de gobierno de la burguesía indisputable como lo demuestra el hecho de que con el triunfo de la democracia burguesa en el mundo al derrotar a Hitler, los sectores triunfantes pudieron ampliar sus derechos expresados en los juicios de Núremberg, la constitución de la ONU, la Carta de los Derechos Humanos, la incorporación al derecho internacional de la prohibición y castigo del genocidio, la adopción de gobiernos socialdemócratas en muchos países, la descolonización de parte importante del planeta, entre otros logros.

Notas

[1] En Intel el Estado de EE. UU. compró una participación del 9.9% convirtiéndose en su tercer mayor accionista; el Departamento de Comercio invirtió $2 mil millones en participaciones accionarias de nueve empresas, incluyendo Anderson (filial de Intel), GlobalFoundries (1%), D-Wave, Rigetti y PsiQuantum; en minerales críticos el Estado ha tomado participaciones en empresas de metales raros, un 15% de MP Materials, un 10% de USA Rare Earth y un 10% de Trilogy Metals . En defensa y tecnología, hay participaciones en empresas como L3Harris/Missile Solutions y IBM. La acción dorada en U.S. Steel como condición para su venta a Nippon Steel (Fortune.

https://fortune.com/2026/05/18/trump-corporate-playbook-administration-… ). Según Cato Institute, el gobierno de EE. UU. tiene participaciones en unas 30 empresas (DeHaven, T. (2026, 5 de agosto). Socialism in the Open and on the Right. Cato Institute. https://www.cato.org/commentary/socialism-open-right). Nótese el título, que refleja el rechazo del instituto a la participación del Estado en las empresas.
[1] En Intel el Estado de EE. UU. compró una participación del 9.9% convirtiéndose en su tercer mayor accionista; el Departamento de Comercio invirtió $2 mil millones en participaciones accionarias de nueve empresas, incluyendo Anderson (filial de Intel), GlobalFoundries (1%), D-Wave, Rigetti y PsiQuantum; en minerales críticos el Estado ha tomado participaciones en empresas de metales raros, un 15% de MP Materials, un 10% de USA Rare Earth y un 10% de Trilogy Metals . En defensa y tecnología, hay participaciones en empresas como L3Harris/Missile Solutions y IBM. La acción dorada en U.S. Steel como condición para su venta a Nippon Steel (Fortunehttps://fortune.com/2026/05/18/trump-corporate-playbook-administration-equity-stakes-companies-intel/ ). Según Cato Institute, el gobierno de EE. UU. tiene participaciones en unas 30 empresas (DeHaven, T. (2026, 5 de agosto). Socialism in the Open and on the RightCato Institute. https://www.cato.org/commentary/socialism-open-right). Nótese el título, que refleja el rechazo del instituto a la participación del Estado en las empresas.

[2] “De un modo o de otro, con o sin trusts, el representante oficial de la sociedad capitalista, el Estado, tiene que acabar haciéndose cargo del mando de la producción. La necesidad a que responde esta transformación de ciertas empresas en propiedad del Estado empieza manifestándose en las grandes empresas de transportes y comunicaciones, tales como el correo, el telégrafo y los ferrocarriles. 

Y digo que tiene que hacerse cargo, pues, la nacionalización sólo representará un progreso económico, un paso de avance hacia la conquista por la sociedad de todas las fuerzas productivas, aunque esta medida sea llevada a cabo por el Estado actual, cuando los medios de producción o de transporte se desborden ya realmente de los cauces directivos de una sociedad anónima, cuando, por tanto, la medida de la nacionalización sea ya económicamente inevitable. Pero recientemente, desde que Bismarck emprendió el camino de la nacionalización, ha surgido una especie de falso socialismo, que degenera alguna que otra vez en un tipo especial de socialismo, sumiso y servil, que en todo acto de nacionalización, hasta en los dictados por Bismarck, ve una medida socialista. Si la nacionalización de la industria del tabaco fuese socialismo, habría que incluir entre los fundadores del socialismo a Napoleón y a Metternich” (Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico).

[3] En El Estado y la revolución Lenin escribe que la Primera Guerra Mundial “ha acelerado y agudizado extraordinariamente el proceso de transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado” y añade que el Estado se está fusionando cada vez más estrechamente con las grandes asociaciones capitalistas. Nótese que identifica dos tendencias diferentes el capitalismo monopolista del capitalismo monopolista de Estado. Adelante agrega:

“En estas palabras se destaca lo más fundamental en la valoración teórica del capitalismo moderno, es decir, del imperialismo, a saber: que el capitalismo se convierte en un capitalismo monopolista. Conviene subrayar esto, pues el error más generalizado está en la afirmación reformista-burguesa de que el capitalismo monopolista o monopolista de Estado no es ya capitalismo, puede llamarse ya "socialismo de Estado", y otras cosas por el estilo. Naturalmente, los trusts no entrañan, no han entrañado hasta hoy ni pueden entrañar una completa sujeción a planes. Pero en tanto trazan planes, en tanto los magnates del capital calculan de antemano el volumen de la producción en un plano nacional o incluso en un plano internacional, en tanto regulan la producción con arreglo a planes, seguimos moviéndonos, a pesar de todo, dentro del capitalismo, aunque en una nueva fase suya, pero que no deja, indudablemente, de ser capitalismo. La "proximidad" de tal capitalismo al socialismo debe ser, para los verdaderos representantes del proletariado, un argumento a favor de la cercanía, de la facilidad, de la viabilidad y de la urgencia de la revolución socialista, pero no, en modo alguno, un argumento para mantener una actitud de tolerancia ante los que niegan esta revolución y ante los que encubren las lacras del capitalismo, como hacen todos los reformistas”.

[4] “Espero ver al Estado, que está en situación de poder calcular la eficiencia marginal de los bienes de capital a largo plazo sobre la base de la conveniencia social general, asumir una responsabilidad cada vez mayor en la organización directa de las inversiones, ya que probablemente las fluctuaciones en la estimación del mercado de la eficiencia marginal de las diferentes clases de capital, calculadas en la forma descrita antes, serán demasiado grandes para contrarrestarlas con alguna modificación factible de la tasa de interés” (Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero).

“Por otra parte, parece improbable que la influencia de la política bancaria sobre la tasa de interés sea suficiente por sí misma para determinar otra de inversión óptima. Creo, por tanto, que una socialización bastante completa de las inversiones será el único medio de aproximarse a la ocupación plena; aunque esto no necesita excluir cualquier forma, transacción o medio por los cuales la autoridad pública coopere con la iniciativa privada. Pero fuera de esto, no se aboga francamente por un sistema de socialismo de estado que abarque la mayor parte de la vida económica de la comunidad. No es la propiedad de los medios de producción la que conviene al estado asumir. Si éste es capaz de determinar el monto global de los recursos destinados a aumentar esos medios y la tasa básica de remuneración de quienes los poseen, habrá realizado todo lo que le corresponde. Además, las medidas indispensables de socialización pueden introducirse gradualmente sin necesidad de romper con las tradiciones generales de la sociedad” (Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero).
 

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