El difícil panorama geopolítico global y la reunión de Washington

Corina

En este artículo Consuelo Ahumada analiza el golpe de estado en Venezuela como un evento significativo del primer año del segundo mandato de Donald Trump. Este golpe fue precedido por una intensa campaña mediática y un despliegue militar en el Caribe y el Pacífico, que resultó en la muerte de pescadores acusados de narcotráfico sin pruebas. Enmarca que el objetivo del ataque fue derrocar al gobierno venezolano y apoderarse de sus recursos petroleros, en línea con la nueva doctrina de seguridad de Trump. Igualmente describe un panorama internacional crítico, donde la nueva doctrina de Trump representa una amenaza para la soberanía de los países latinoamericanos y un desafío para el liderazgo progresista en la región.

Por Consuelo Ahumada Beltrán

Integrante de la dirección nacional del Partido del Trabajo de Colombia, PTC. Secretaria de asuntos internacionales y del trabajo de las mujeres. Profesora universitaria.
Consuelo Ahumada

El golpe a Venezuela que culminó con el secuestro del presidente Maduro y de su esposa el pasado 3 de enero fue el punto culminante del primer año del segundo mandato de Trump. Un año marcado por fuertes tensiones entre Washington y la región.

Aunque durante los últimos meses del 2025 parecía inminente una incursión terrestre en su territorio, la contundencia del operativo sorprendió al mundo entero, cuando apenas despertaba del receso de fin de año.
Sobrevino después de la intensificación de la campaña mediática en contra del dirigente de la Revolución Bolivariana y de un despliegue militar marítimo sin precedentes, desarrollado durante más de cuatro meses en el Caribe y el Pacífico. Fueron bombardeadas numerosas embarcaciones y asesinados al menos 115 pescadores, acusados de narcotraficantes, sin que hubiera evidencias ni mediara investigación alguna.

El objetivo claro fue acabar con el gobierno de Venezuela, apoderarse del petróleo e imponer su mandato en el país, tal como lo señaló Trump en la rueda de prensa posterior al ataque. Pero desde entonces, no han cesado las amenazas de intervención militar en otros países, en particular Cuba, Colombia y México.

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El Corolario Trump y el difícil panorama internacional

El ataque a Venezuela y las amenazas a los otros países son el resultado de la puesta en práctica de la nueva doctrina de seguridad del mandatario estadounidense, centrada en Corolario Trump a la Doctrina Monroe y presentada por él mismo el pasado mes de diciembre.

Se señala allí explícitamente que, en la tarea de recuperar su poderío global, el hemisferio occidental es estratégico. «Este es NUESTRO hemisferio», reza una publicación del Departamento de Estado con la foto del magnate después del ataque a Caracas. Hay que entenderla como parte de su embestida para recuperar la hegemonía global, menguada por la emergencia del mundo multipolar.

Anunció entonces que después de años de negligencia, Washington retomará dicha doctrina, para restaurar su dominio en el hemisferio occidental, proteger al país y el acceso a las geografías en el continente. Es decir, su eje será Latinoamérica.

Para golpear a Venezuela y secuestrar a su presidente, se sirvió de su incuestionable e inalcanzable poderío bélico, de la mano del neofascismo en su máxima expresión, que él lidera.

Según expresó, es la ruta “para asegurar que EEUU permanezca como la nación más poderosa y exitosa en la historia humana, y el hogar de la libertad en la Tierra”. “EE. UU. y no naciones extranjeras o instituciones globalistas controlarán siempre su propio destino en nuestro hemisferio”.

Reafirmó que no permitirá que potencias de otros hemisferios “establezcan presencia militar, controlen infraestructura estratégica o ejerzan influencia determinante en Latinoamérica”. https://www.las2orillas.co/el-corolario-trump-amenaza-y-zozobra-creciente-para-la-region/.

Pero los intereses imperiales se extienden todavía más lejos. Hace dos semanas Trump concretó también su decisión irrevocable de anexarse Groenlandia, en el corazón del Ártico, un país cercano a Alaska, pero asociado históricamente al reino de Dinamarca. Además de su posición estratégica, tiene enormes riquezas de petróleo, tierras raras y otros recursos fundamentales para el nuevo proyecto colonizador del imperio.

Esta decisión ha provocado fuertes movilizaciones populares en los dos países y la amenaza del magnate de incrementarles los aranceles a los 6 países europeos que rechazaron al proyecto anexionista, aunque tuvo que retractarse de dicha amenaza. Eso sí, no descarta apoderarse de la isla por la fuerza, si no hay acuerdo.

Sin embargo, en la reciente cumbre de Davos, los gobernantes europeos mostraron toda su flaqueza frente al nuevo emperador. No hicieron más que reaccionar de manera tímida y conciliadora frente a sus amenazas, sin la contundencia requerida. Una muestra clara del grado de abyección frente al imperio al que ha llegado Europa.
Pero fuera del hemisferio occidental, Trump también pretende afianzar todavía más su poder. Anunció un ataque contra Irán, que pareciera ir en curso. Conjuntamente con Israel, está interviniendo abiertamente en la movilización social de la población en contra del gobierno islámico, su enemigo de medio siglo, con el objetivo claro de propiciar su caída y desestabilizar todavía más la región del Medio Oriente.

Es cierto que las sanciones de Occidente al país han causado muchas penurias a la población y que buena parte de las demandas populares y en particular de las mujeres y los estudiantes al gobierno fundamentalista son más que válidas. Pero también lo es que Washington está instrumentalizando y manipulando las protestas. Quiere impulsar un gobierno de Pahlevi, el hijo exiliado en EE. UU. del Sha derrocado en 1979, con el ascenso de la revolución islámica.

También frente al Medio Oriente, Trump concretó un poco más la naturaleza y la lista de los integrantes de la llamada Junta de paz, incluida en la segunda fase del plan para Gaza, respaldado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas mediante la resolución 2803 del pasado 17 de noviembre https://www.las2orillas.co/gaza-el-engano-del-alto-al-fuego-y-la-decision-del-consejo-de-seguridad/.

Esta junta, que se encargará de gobernar en Gaza por un tiempo indefinido, será presidida por el mismo Trump aún después de que salga del poder. Hasta ahora se sabe que entre sus miembros estarán Marco Rubio, Tony Blair y Jared Kushner, su yerno y principal asesor, un astuto traficante de armas. Más recientemente se anunció que el genocida Netanyahu también la integraría.

Se trata, entonces, de una Junta encargada de convertir a Gaza en el centro de grandes negocios internacionales, especialmente en el sector inmobiliario.

Como vemos, la nueva doctrina Trump que ha pulverizado la legalidad e institucionalidad internacional, es altamente peligrosa para Latinoamérica y el Caribe y el mundo entero. No se trata de amenazas, sino de hechos cumplidos, como nos lo mostró el asalto a Venezuela.

Perspectivas de la reunión entre Gustavo Petro y Donald Trump
En pocas palabras, este es el panorama global que tendrá como telón de fondo el encuentro de Petro con Trump en Washington el próximo 3 de febrero.

Por tanto, la situación es realmente crítica. Es cierto que la conversación telefónica entre los dos, realizada en medio de la importante movilización social convocada en Colombia en respaldo al presidente, sirvió para aliviar un poco la tensión.

Como señaló Petro en posterior entrevista, durante la conversación Trump le informó que efectivamente preparaba una acción militar contra Colombia. Y él mismo temió que en cualquier momento una fuerza de asalto aterrizara en la azotea de la Casa de Nariño, la residencia presidencial.

Pero no es cierto que Colombia pudiera “dormir con tranquilidad” después de dicha llamada, como señalaron algunos funcionarios del gobierno, entre ellos la canciller y el embajador en Washington. Tampoco puede aceptarse el argumento de que la animadversión de Trump contra Petro era porque no estaba bien enterado de la realidad.

Sin embargo, en este punto, sí debe insistirse en que la ultraderecha colombiana, liderada por el uribismo, ha jugado un papel fundamental en los ataques de Trump a Gustavo Petro.

Son sectores apátridas, políticos y grandes empresarios, congéneres de María Corina Machado y demás personajes amigos del presidente estadounidense en la región. Ahora se esfuerzan al máximo para que la reunión de Washington no se concrete, fracase o se convierta en una emboscada para nuestro presidente.

Su prioridad es ganar las próximas elecciones y recuperar el control absoluto del Estado que han tenido por siglos. Por eso, lo único que les sirve es impulsar la guerra, el odio y el desprestigio del gobierno del cambio. “Trump, haz lo tuyo”, expresó con fervor Vicky Dávila, una de las dos candidatas de la ultraderecha.

El trabajo diplomático previo que realiza el gobierno colombiano es muy importante y debería concretarse en algunos acuerdos básicos. Seguramente se suscribirán medidas en cuanto a la política antidrogas y Petro tendrá que hacer concesiones al respecto. También en cuanto a la lucha conjunta contra las bandas criminales asentadas en la frontera con Venezuela, dedicadas al narcotráfico y otros negocios ilegales.

Allí están el ELN y las disidencias de las antiguas FARC, causándole estragos a las comunidades. Por priorizar sus propios intereses mezquinos, estos grupos se negaron a negociar la paz total con el gobierno.
De la misma manera, recibirá presiones de Trump en cuanto a la situación de Venezuela.

Durante todo su gobierno, Petro ha defendido la soberanía y la autodeterminación nacional; la paz territorial, regional e internacional; el trato digno a los migrantes; la inversión territorial y la justicia social. Ha denunciado la voracidad del capitalismo y el sector financiero como causantes de la crisis climática y de todas las demás crisis. Con ello se ha forjado un liderazgo regional y mundial.

Mientras tanto, Trump no lo ha bajado de drogadicto, matón, narcotraficante y testaferro de Maduro.
Vance, el vicepresidente, señaló que, más allá de «controlar los increíbles recursos naturales de Venezuela», el ataque tenía como objetivo «hacer que la gente tuviera miedo de cruzarse en nuestro camino». Es decir, se trata de impedir el surgimiento y afianzamiento del progresismo y de los gobiernos de izquierda en la región.
Entonces, más que diplomática, la contradicción entre los dos mandatarios es política, de fondo. Por ello, más allá de la necesaria diplomacia, no hay mucho espacio para el optimismo.

Como señala la Internacional Progresista, la Internacional Reaccionaria ya se está formando y está lista para servir a los intereses corporativos y estratégicos de Washington.

Pero la situación de Latinoamérica es muy difícil. EE. UU. interviene de manera abierta y encubierta en sus procesos electorales en favor de sus amigos. Y en Colombia esta es una perspectiva cierta en los comicios que se avecinan.
Más que nunca, se impone la coalición de los más amplios sectores en lo nacional y de los países en el ámbito regional para frenar los avances de la ultraderecha y el neofascismo y defender el progresismo y la democracia.

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