DOSSIER: Gana Lula, Gana Brasil, Gana América latina

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Conversación con el ciudadano Marcio Monzane sobre las elecciones en Brasil

Por la Redacción de La Bagatela

Estamos con Marcio Monzane secretario general de UNI para las Américas (UNI Global Union es una federación sindical mundial que representa a más de 20 millones de trabajadores y trabajadoras del sector de servicios en 150 países) para conocer su opinión sobre las elecciones en Brasil. 

La Bagatela: Marcio a 3 días de las elecciones ¿Cómo está el ambiente en tu país? ¿Cómo lo ves? 

Marcio Monzane: Bueno es un momento complejo, hay una división de la sociedad. Un momento en que nosotros tenemos que entender el proceso de cambio e intentar cómo podemos llegar con más propiedad al conjunto de la población y mostrar los cambios positivos que acontecieron durante el gobierno de Lula. Hay muchos, tanto en mejoras en la economía del país como e las personas con contrato de trabajo. Hay una reducción de la informalidad. Se solucionaron los problemas de distribución de recursos del Estado para diferentes sectores de la economía, el sector industrial, el sector agrícola, para las personas más pobres. 

Por otro lado, cómo entender ese nuevo momento en que la comunicación es bastante disruptiva y que tenemos a través de las redes sociales y los mensajes, para contrarrestar lo que está haciendo la extrema derecha en todo el continente. Intensificar causas que son muy justas como las causas de justicia social. La gestión de la diferencia, del feminismo, los derechos de la población LGTBIQ+. A quienes Bolsonaro ve como si fuera un problema o un enemigo.

Nosotros todavía no hemos hecho la transición del modelo organizativo político de las izquierdas de los 80 y 90 del siglo pasado, a ese nuevo modelo político organizativo de las redes sociales, o del mundo post-avance tecnológico.

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LB: Somos muy dados a las manifestaciones públicas y al contacto con la gente, son irremplazables, pero en manejo de las redes nos falta conocimiento, utilizarlas de mejor manera ¿eso es lo que quiere decirnos?

MM: Yo creo que sí, creo que tenemos algo muy importante que es tener las calles. Las calles siempre han sido, históricamente, de los movimientos sociales, del movimiento sindical, de aquellos que luchan por la igualdad y por la justicia. Lo han sido en épocas de lucha por la defensa de la democracia, para conseguir el voto directo en las elecciones, en los procesos de integración regional o contra el liberalismo salvaje de la década de 1990, del ALCA. Pero ya no es suficiente porque hay un otro modelo, esa manifestación en que se toma el celular y se pasa el dedito para arriba. Es un conjunto de información muy grande en un espacio y tiempo muy pequeño, sin ningún tipo de control ético ni social, con muchas mentiras -las fake news. Más ahora con la utilización de la inteligencia artificial. Te cambia el rostro, te pone haciendo lo que no has hecho y no tenemos mecanismos verificados para decir esa noticia es mentira.

Además, tenemos un gran problema ahora en la elección de Brasil, que es la interferencia de Meta . El supremo tribunal electoral de Brasil conceptuó que Meta no está tratando por igual a las 2 campañas, favoreciendo a la familia Bolsonaro.
Hoy tuvimos el caso de un sindicato nuestro en Brasil. Meta bloqueó todos los canales de WhatsApp diciendo que identificó problemas, pero no lo especificó. Y el sindicato estaba justamente explicando a sus trabajadores y trabajadoras, que suman alrededor de 150.000 personas afiliadas al sindicato el significado y la importancia de estas elecciones. 

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LB: Marcio, además del PT de Brasil ¿qué otras fuerzas políticas, gremiales y sociales apoyan la candidatura de Lula?

MM: Bueno, primero debo explicar que la candidatura de Lula no es solo del PT, es de una federación de partidos de centro izquierda, el Partido de los Trabajadores y otros partidos; el vicepresidente, por ejemplo no es del partido el Lula. Geraldo Alkmin, es del Partido Socialista Brasileño PSB. 

Yo diría que hay una composición importante del centro y la izquierda del país apoyando la candidatura de Lula, y hay una composición de la derecha y extrema derecha que apoyaron la candidatura de Bolsonaro. Hubo algunos movimientos en primera vuelta para hacer presencia en el Congreso, pero ahora están juntos. De hecho, hay una reunión dos días antes del domingo para consolidar la unión del frente amplio por Lula. Añado que los trabajadores en su inmensa mayoría apoyan a Lula. 

LB: Entiendo que el debate televisivo del domingo pasado (Oct 18) fue favorable para Lula. Tuvo unas notas a su favor, unas intervenciones en las que dejó en silencio a Bolsonaro. ¿Cómo lo percibió la opinión pública en Brasil? 

MM: Estaba incluso leyendo una encuesta que habla de un empate técnico, o sea, están empatados técnicamente en segunda vuelta. Todavía es muy difícil definir un resultado, a favor de uno y en contra de otro. Los números varían cada día pero confiamos en el triunfo. Yo creo que al impacto del debate del domingo estuvo relativamente bien para el candidato Lula. Él ha tenido la capacidad de demostrar que tiene una propuesta de gobierno y ha desafiado a Bolsonaro, en especial por su crecimiento económico sin verificación alguna, lpara que entregue al supremo tribunal electoral su secreto bancario, como Lula lo ha hecho. El candidato Bolsonaro se negó a hacerlo. Entonces ahí quedó un tema bastante demostrado, quien tiene miedo y quien no te miedo de que se revisen sus cuentas. Creo que es un factor bastante importante en este momento. 

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LB: Bueno Marcio agradeciéndote tu gentileza por esta fraternal conversación. Se aclara la situación. Para Colombia Lula es como si fuera nuestro candidato propio. Hacemos toda la fuerza por su triunfo, estamos al lado del pueblo brasilero, de las y los trabajadores y le agradezco mucho la entrevista. 

MM: Yo también agradezco, creo que tú tocaste un punto ahora, solo para completar: Lula tiene un papel muy importante para América Latina, también para Brasil porque nosotros, el ciudadano promedio brasileño le daba la espalda a América latina, mirando hacía Europa o Estados Unidos. Y para quienes viven la llegada de Lula hubo un movimiento contrario y se abrió América latina a la visión del promedio brasileño, o sea hoy, el promedio de la población brasileña conoce mucho más la América latina que hace 20 años y ese es un factor muy importante porque demuestra la sensibilidad que tenían que entender: que América es un pueblo. No son varios países o varios pueblos y eso es bastante importante también.

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Lula: triunfo reconfortante

Editorial de La Jornada

La victoria de Luis Inácio Lula da Silva en la segunda vuelta de la elección presidencial celebrada ayer en Brasil es un gran motivo de alivio para ese país, en la medida en que despeja la amenaza de un retorno del bolsonarismo autoritario, corrupto y entreguista que se cernía sobre el gigante sudamericano. Lo es también para el continente, cuyos países han venido cayendo en los abismos de gobiernos ultraderechistas, antipopulares e incondicionales de Donald Trump. Y lo es, en especial, para México, que se ha ido quedando solo en Latinoamérica tras la llegada al poder de Javier Milei en Argentina, de Daniel Noboa en Ecuador, de José Antonio Kast en Chile, de Keiko Fujimori en Perú, de Nasry Asfura en Honduras y de Abelardo De la Espriella en Colombia, exponentes todos ellos de una reacción oligárquica alineada con el trumpismo.

En unos comicios menos inciertos como el de ayer, una victoria por un margen de tres puntos y medio –que fue la ventaja de Lula sobre su rival, Flávio Bolsonaro– podría parecer pequeña. Pero si se toma en cuenta que el presidente venía de perder la primera vuelta y que prácticamente todas las encuestas indicaban un empate técnico, ese margen es indicativo de la sorprendente capacidad de movilización del Partido de los Trabajadores (PT) y de la sorprendente recuperación de su máximo dirigente, uno de los más curtidos estadistas de la escena política mundial.

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Con todo, este nuevo periodo de Lula en el Palacio de Planalto será mucho más difícil que el anterior, pues en la primera vuelta del pasado 4 de octubre, los partidos de derecha y de ultraderecha –con el Liberal de los Bolsonaro a la cabeza– obtuvo un apabullante triunfo en los comicios legislativos, por lo que el veterano dirigente del PT tendrá un margen de gobierno por demás estrecho y acotado y deberá mantener complicadas negociaciones para lograr cosas tan básicas como la aprobación de los presupuestos, e incluso para evitar golpes de Estado legislativos como el que defenestró a su correligionaria Dilma Rousseff hace poco más de una década.

De cualquier forma, se ha evitado la tragedia política, económica, social y hasta ambiental que habría significado la vuelta al poder de los Bolsonaro, los cuales –ambos, el ex presidente Jair y el candidato derrotado ayer, su hijo Flávio– representan el golpismo antidemocrático y la represión, el neoliberalismo más salvaje y depredador, el desprecio a las clases populares, el extractivismo sin límites y la adhesión al sionismo genocida.

Por lo demás, la jornada electoral de ayer en Brasil tiene evidentes repercusiones en Latinoamérica, por cuanto significa que las dos mayores economías de la región seguirán orientadas por proyectos progresistas y que la doctrina Monroe retomada por Trump no las tiene todas consigo. En el ámbito internacional, la victoria de Lula aporta un factor de certidumbre al multilateralismo y particularmente, al grupo BRICS, el cual no ha dejado de crecer y de consolidarse como alternativa del llamado sur global a los empeños estadounidenses por reconstruir su declinante hegemonía mundial.

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Por otra parte, los resultados de la elección muestran los límites de esas prácticas de manipulación de la opinión pública puestas al servicio de la reacción por los dueños de las redes sociales más importantes y cuya suciedad se ha dejado entrever con la reciente detención en Bolivia de Fernando Cerimedo, presunto feminicida, destacado operador de granjas de bots y mercenario digital a sueldo de las facciones reaccionarias que se han hecho con el poder político en tiempos recientes.
Cabe esperar, finalmente, que la reelección del viejo obrero metalúrgico brasileño sea un punto de inflexión en el avance mundial y continental de la ultraderecha. Sólo falta que lo confirmen así las elecciones que tendrán lugar dentro de ocho días en Estados Unidos.

Después de las 7 elecciones presidenciales favorables a las oligarquías nacionales aliadas y vasallas del imperio gringo en América Latina en los últimos 2 años, el presidente Ignacio Lula Da Silva logra la más resonante victoria popular del subcontinente contra la administración Trump, la ultraderecha que sirve los viejos poderes corporativos y territoriales del Brasil, y la ola neofascista que infesta el escenario global y el latinoamericano.

Cuando calculaba que podía asaltar el baluarte más sólido del progresismo y la izquierda en nuestra región, la ofensiva imperialista se rompió los dientes ante la masiva y potente determinación de decenas y decenas de millones de brasileños; magnífico triunfo popular que demuestra que el enemigo imperialista y sus cómplices vendepatria en nuestros países son vencibles, y que a pesar de las enormes y crecientes dificultades del proceso de cambio de nuestros pueblos, estos pueden desbaratar las mayores acechanzas y seguir despejando los obstáculos del camino.

El formidable triunfo del Brasil enseña que la gran alianza, extensa y diversa, de todos los sectores del pueblo otorga un poderío irreductible y eficaz ante los planes de la recolonización imperialista estadounidense con corte nazifascista contra América Latina que ha emprendido Donald Trump. Cinco partidos de izquierda y progresistas, a cuya cabeza se halla el partido de Lula, el Partido de los Trabajadores (PT), junto al Partido Comunista de Brasil (PCdoB), el Partido Verde (PV), el Partido Socialista Brasileño (PSB), la Red de Sostenibilidad (REDE), y el Partido Socialismo y Libertad (PSOL), constituyen el núcleo de la formidable coalición, que también aglutina partidos de centro y algunos de derecha democrática: Solidaridad, Avante, y los partidos Democrático Laborista (PDT) y Ciudadanía. Amén de importantes sectores y organizaciones sociales, como la gran central obrera CUT brasileña que aglutina el poderoso movimiento sindical del hermano país, el masivo movimiento de los trabajadores rurales Sin Tierra, el colectivo estudiantil UNE, numerosos movimientos feministas y LGTBIQ+, y agrupaciones de pueblos indígenas. Un gran frente único de todas las fuerzas vitales del gran país.

El resplandor de la victoria del Brasil ilumina el ámbito de América Latina y su luz se divisa desde todos los continentes. Revigoriza nuestro ánimo, el de las fuerzas avanzadas de toda Latinoamérica, y nos conmina a asimilar sus enseñanzas.

25 de septiembre de 2026

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Elecciones en Brasil: triunfo para la región y derrota para Trump

Por Consuelo Ahumada

Las primeras reacciones al resultado electoral de Brasil expresaron la importancia de la hazaña histórica del logro de Lula, el PT y del pueblo que lo respaldó. “Celebro la victoria de Lula (…) la remontada del progresismo global acaba de comenzar”, señaló Pedro Sánchez, haciendo referencia a las próximas elecciones de España. 

Petro, por su parte, escribió: “Los seres humanos les ganaron la batalla a los bots falsos de los grandes adinerados del mundo y el software del escrutinio era totalmente público”, aludiendo a la dolorosa y reciente derrota de la izquierda en Colombia. 
En su discurso tras la victoria Lula señaló: “Esta elección es la derrota de negacionismo y de la mentira y demuestra que no somos el patio trasero de nadie”.  

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Lo cierto es que la remontada del presidente-candidato el pasado domingo fue   épica. Desde los años 80, cuando se puso en marcha el mecanismo de segunda vuelta para dirimir la presidencia, ningún candidato ganador de la primera había sido derrotado en la segunda. Esta vez sí ocurrió. 

Lula está a punto de cumplir 81 años, ha sido 7 veces candidato y tres veces presidente. Este será su cuarto mandato. Se enfrentó a Flavio Bolsonaro, de 45, el candidato de la ultraderecha y de Trump. Por ello, contó con todo el apoyo de los magnates de la tecnología de las comunicaciones, resueltos a imponer un resultado que se daba por sentado.

Desde su campaña del 2022, Lula logró consolidar una amplia coalición de siete partidos, entre ellos el Partido Comunista de Brasil, el Partido Verde y el Partido Socialista Brasileño, al cual pertenece Geraldo Alckmin, su vicepresidente. 

Ante la derrota en primera vuelta, además de reforzar dichas alianzas, buscó llegarles a millones de abstencionistas y a los votantes de los partidos derrotados. 

Una decisión crucial que tomó la campaña fue mejorar sustancialmente el trabajo en las redes. El joven diputado del Estado de Mina Gerais, André Janones fue fundamental en este sentido. Conformó el llamado "Ejército de Lula", un canal de difusión de WhatsApp, que logró afilar y poner a trabajar en la campaña a más de 11 millones de personas en tres semanas. Él mismo se convirtió en coordinador de la misma e impulsor de la movilización.

La movilización social, en especial por parte del estudiantado en las distintas ciudades, también fue fundamental en el triunfo. Acercaron amplios sectores de la juventud y de la población en general. 

Lula se impuso por más de 4 millones de votos, una diferencia que no es tan significativa, teniendo en cuenta la magnitud de la población y los votantes brasileños, pero que duplica la diferencia a favor de su contrincante en la primera vuelta.

Claramente, también los magnates de las plataformas fueron derrotados. Meta y X trataron de sabotear su campaña, por lo que Lula denunció ante la Corte y la ONU el favoritismo de estas hacia su rival, lo que en Brasil constituye un delito electoral. Un juez del TSE le dio 24 horas a Instagram, WhatsApp y Facebook para demostrar a este tribunal que le estaban dando un trato igual a los dos candidatos.

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En el ámbito internacional, el triunfo de Lula fue una derrota para las aspiraciones de Washington de culminar exitosamente su tarea de reconquistar el continente y acabar con los gobiernos de izquierda. Recordemos que durante los escasos dos años de mandato de Trump, se produjo la derrota de la izquierda en 7 elecciones del continente. 

En el curso de este año, la estrategia siguió y estuvo representada por el llamado Hondurasgate: se trataba de desarrollar una intervención abierta, inicialmente en las elecciones de Honduras, Perú y Colombia, con manipulación directa de la opinión pública.  Las andanzas de Fernando Cerimedo, sus granjas de bots, hacen parte de dicha estrategia. Él fue fotografiado con el hijo de Trump.

Antes de las elecciones de Brasil, tanto Trump como Rubio manifestaron su máximo interés en su resultado, pero se sentían tranquilos, después de la primera vuelta. “El dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca más volverá a ser cuestionado”, proclamó Rubio.

Pero volvamos un poco atrás. El enfrentamiento entre Lula y Washington es anterior a la aparición del magnate inmobiliario. A comienzos de este siglo, surgió la primera ola de los gobiernos de izquierda de la región, liderada por Hugo Chávez en Venezuela y Lula en Brasil. 

Durante sus dos primeros mandatos, Lula lideró Unasur, que intentó convertirse en la primera organización de los países de la región, sin la participación de EEUU y Canadá. En términos geopolíticos, fue muy significativa también la profundización de sus relaciones económicas y comerciales con África, en el marco de la estrategia de cooperación Sur-Sur.
Asimismo, se comprometió con los BRICS y con la construcción de un mundo multipolar, frente al hegemonismo de Washington. Por eso, la realización de su Cumbre en Río de Janeiro, en julio 2025 provocó la reacción airada de Trump y el anuncio de la imposición de aranceles arbitrarios del 50% a Brasil.

Un segundo disgusto entre los dos mandatarios provino de la judicialización y condena del expresidente Bolsonaro, un proceso al que denominó “cacería de brujas”. “Fuiste un líder fuerte y muy respetado que serviste bien a tu país». (…) “Deseo sinceramente que el Ejecutivo de Brasil cambie de rumbo, cese los ataques a los opositores políticos y termine su ridículo régimen de censura. Lo estaré vigilando de cerca», Señaló. En plena campaña electoral, EEUU le retiró la visa al juez Moraes, principal responsable del juicio y condena a Jair Bolsonaro. 

En síntesis, el triunfo de Lula es un logro extraordinario para el pueblo brasileño, que ya vivió la tragedia del gobierno del primer Bolsonaro. Pero sobretodo, llena de esperanza al progresismo, la izquierda y las fuerzas democráticas del mundo entero en su lucha contra el fascismo auspiciado por Washington. 

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